Seguir el envío
El rastreo, sin que nadie teclee un número de veinte dígitos.
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El seguimiento, pegado al paquete.
Documentación, confirmación de entrega e incidencias, sin llamar a operaciones.
En la caja, en el palé, en la puerta del muelle. Cada uno con su código y sus números.
El rastreo, sin que nadie teclee un número de veinte dígitos.
Albarán, factura y permisos, juntos y en el bulto.
Un formulario que cierra la entrega en el momento.
Horarios de muelle, accesos y a quién preguntar.
Rotura o faltante, con el envío ya identificado.
A quién llamar, sin buscar en la cadena de correos.
Cambias de transportista o de plataforma de rastreo y todas las etiquetas impresas llevan a una página que ya no es la tuya.
Y no sabes cuánta gente lo usó, porque no pasa por ningún sitio que pueda contarlo.
El código apunta a QRlify y QRlify apunta a donde tú digas. Cambias el destino cuando quieras y lo impreso sigue valiendo.
Y como cada escaneo pasa por aquí, se puede contar.
Cuántos escaneos y en qué punto de la ruta. Con eso se ve dónde se atasca el proceso y qué información se consulta de verdad.
El detalle por día y campaña va desde el plan Starter. El conteo de escaneos lo tienes en todos.
Eliges «Empresas y organizaciones» y luego «Logística y transporte». Con eso ya sabemos qué ofrecerte y no tienes que elegir entre dieciocho tipos de código.
Seguimiento, documentación, entrega, info del conductor, incidencias o contacto. Cada uno llega con su campo ya preparado.
Dos colores y, si tienes plan, tu logo en el centro. También puedes dejarlo en negro sobre blanco: funciona igual.
PNG o SVG, en el tamaño que necesites. A partir de ahí, lo que cambies lo cambias desde el panel.
Un QR lleva a un sitio. Una QCard es una página tuya con varios botones: el seguimiento, la documentación, la incidencia y el contacto de operaciones.
Apuntas un solo código a esa página y cambias los botones cuando quieras. Un cambio de transportista no obliga a reimprimir una sola etiqueta.
Sin tarjeta de crédito. Listo en treinta segundos.