El escaparate
Pasa alguien, escanea y te sigue. Sin buscar tu nombre y acabar en otra cuenta.
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Escribes tu usuario y ya está. Sin cuenta y sin pagar.
Y si algún día cambias de usuario, cambias el destino en vez de reimprimir.
Porque el suyo solo sirve dentro de su app, y el tuyo tiene que funcionar en la calle.
Lo lee la cámara de Instagram. Quien no tenga la app instalada, o use la cámara normal del teléfono, se queda mirando un dibujo que no hace nada.
Y no sabes cuánta gente lo usó, porque no pasa por ningún sitio que pueda contarlo.
Funciona desde la cámara de serie de cualquier teléfono, tenga Instagram o no. Que es justo lo que hace falta en un escaparate, una tarjeta o una caja.
Y si lo haces dinámico, cada escaneo se cuenta.
En todos tienen una cosa en común: ahí no se puede pulsar un enlace.
Pasa alguien, escanea y te sigue. Sin buscar tu nombre y acabar en otra cuenta.
El momento de abrirla es cuando mejor predispuesto está el cliente.
Más útil que el usuario escrito, que hay que teclear sin equivocarse.
Lo escanean con otro teléfono sin pausar lo que están viendo.
Un código grande ahorra la conversación de «¿cómo te encuentro?».
Y cuando acabe, el mismo cartel puede llevar a otro sitio si es dinámico.
Entre los tipos de código. Instagram viene de primera opción, así que no hay nada que buscar.
Sin la arroba. El generador arma el enlace solo: instagram.com/tuusuario. No hay que copiar nada del navegador.
Dos colores y, si tienes plan, tu logo en el centro. También puedes dejarlo en negro sobre blanco: funciona igual y se lee mejor.
PNG para pantalla, SVG para imprimir a cualquier tamaño sin que se vea pixelado.
Casi nadie tiene una sola red. Una QCard es una página tuya que reúne varios botones: Instagram, TikTok, YouTube, el WhatsApp y lo que vendas.
Apuntas un solo código a esa página y cambias los botones cuando quieras. El cartel que imprimiste en marzo sigue llevando a lo que publicaste ayer.
Sin tarjeta de crédito. Listo en treinta segundos.