Reservar cita
Tu agenda, sin la cadena de mensajes para cuadrar la hora.
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Los cuidados de después, sin repetirlos veinte veces al día.
Citas, catálogo de estilos y productos, detrás de un código en el espejo.
En el espejo, en el mostrador, en la tarjeta que se llevan. Cada uno con su código y sus números.
Tu agenda, sin la cadena de mensajes para cuadrar la hora.
Las fotos del trabajo, ordenadas, no un scroll por Instagram.
Lo que hay que hacer en casa, escrito y sin depender de la memoria.
Al salir, que es cuando mejor se ven en el espejo.
Contacto con el motivo ya escrito y sin guardar el número.
Lo que usaste en el tratamiento, a la venta o enlazado.
Cambias de agenda, subes precios o renuevas el catálogo, y las tarjetas repartidas y el adhesivo del espejo llevan a lo de antes.
Y no sabes cuánta gente lo usó, porque no pasa por ningún sitio que pueda contarlo.
El código apunta a QRlify y QRlify apunta a donde tú digas. Cambias el destino cuando quieras y lo impreso sigue valiendo.
Y como cada escaneo pasa por aquí, se puede contar.
Cuántos escaneos y qué días. Con eso se ve si la tarjeta con los cuidados se usa o se queda en el bolso.
El detalle por día y campaña va desde el plan Starter. El conteo de escaneos lo tienes en todos.
Eliges «Empresas y organizaciones» y luego «Belleza y estética». Con eso ya sabemos qué ofrecerte y no tienes que elegir entre dieciocho tipos de código.
Citas, catálogo, cuidados, reseñas, WhatsApp o productos. Cada uno llega con su campo ya preparado.
Dos colores y, si tienes plan, tu logo en el centro. También puedes dejarlo en negro sobre blanco: funciona igual.
PNG o SVG, en el tamaño que necesites. A partir de ahí, lo que cambies lo cambias desde el panel.
Un QR lleva a un sitio. Una QCard es una página tuya con varios botones: reservar, el catálogo, los cuidados, tu WhatsApp y el Instagram.
Apuntas un solo código a esa página y cambias los botones cuando quieras. La promoción del mes entra y sale sin reimprimir tarjetas.
Sin tarjeta de crédito. Listo en treinta segundos.